Editorial: La ruta que comienza

Octubre 9 de 2026

Augusto Galán Sarmiento MD. MPA

Director del Centro de Pensamiento Así Vamos en Salud

Durante meses hemos insistido en que el sistema de salud necesita dos cosas: estabilizarse y transformarse. La urgencia de la segunda no puede hacernos olvidar que, antes, es indispensable lograr la primera.

La entrevista concedida por la ministra de Salud, Ana María Vesga, a un medio de comunicación de amplia difusión nacional, permite pensar que estamos comenzando a recorrer ese camino. El Plan de choque empieza a tomar forma. Ya no como una cifra anunciada en medio de la refriega electoral, sino como un conjunto de acciones concretas, con prioridades, recursos, instrumentos y responsabilidades.

El punto de partida es correcto: los pacientes. El Ministerio identificó 1.069.196 personas con medicamentos o procedimientos pendientes dentro de las patologías priorizadas con las sociedades científicas. Para esta primera fase hay $500.000 millones asegurados y un mecanismo interesante para utilizarlos. ADRES facilitará créditos a las EPS y pagará directamente a los prestadores y proveedores las atenciones pendientes de esos pacientes.

Pero no son recursos regalados. Tampoco pretenden pagar indiscriminadamente las deudas acumuladas durante años. Las EPS deberán devolverlos y los desembolsos estarán acompañados de convenios de desempeño y seguimiento a la atención efectivamente prestada.

“No podemos girar cheques en blanco”, dice la ministra. Eso está bien.

Porque el sistema necesita recursos, pero también necesita demostrar qué hace con ellos. Necesita liquidez, pero también eficiencia. Necesita recuperar hospitales y proveedores, pero también reconstruir una cultura de responsabilidad sobre el dinero que los colombianos destinamos a la salud.

El Plan de choque comienza por aquello que no puede esperar. Tratar pacientes. Recuperar el pago corriente. Reabrir redes que se han cerrado. Reconstruir relaciones contractuales deterioradas. Conseguir que el ciudadano empiece a percibir que algo está cambiando cuando recibe su medicamento, consigue una cita o finalmente le realizan el procedimiento aplazado.

Eso comienza a detener la crisis. La estabilización tendrá que continuar con decisiones más difíciles. Habrá que recuperar las EPS intervenidas que sean viables y liquidar ordenadamente aquellas que no puedan garantizar la atención de sus afiliados. Como bien afirma la ministra, no podemos perpetuar la mala atención a la población simplemente para mantener viva una organización. Habrá que normalizar los flujos financieros y pagar oportunamente el gasto corriente. Después habrá que entrar en el terreno mucho más complejo de conciliar las carteras, aclarar anticipos, resolver glosas y establecer finalmente cuánto se debe, quién lo debe y cómo se pagará.

Y entonces llegaremos a los problemas verdaderamente estructurales.

La ministra reconoce un desbalance financiero del sistema y la necesidad de revisar el cálculo de la UPC. Es importante que lo haga. Pero también reconoce que tenemos necesidades crecientes, una población que envejece, nuevas tecnologías, mayor carga de enfermedad, un plan de beneficios extraordinariamente amplio y un espacio fiscal limitado.

Ahí comienza otra conversación.

Habrá que encontrar nuevas fuentes de financiación y calcular correctamente la UPC. Pero habrá también que mejorar la eficiencia, reducir el desperdicio, revisar incentivos, fortalecer la gestión del riesgo, contratar mejor, evaluar tecnologías y conseguir que la Atención Primaria sea realmente resolutiva y esté integrada con el aseguramiento y las redes de prestación.

No se trata de gastar más. Será necesario gastar mejor.

Hace pocos días escribimos en estas páginas sobre la necesidad de construir un nuevo contrato social alrededor de la salud. No pretendo repetir aquí aquella reflexión. Pero encuentro una coincidencia que vale la pena señalar. La ministra afirma que “la sostenibilidad es un asunto que pasa por todos” y hace un llamado a recuperar la confianza, asumir cada uno lo que le corresponde y volver a reconocer que los pacientes y su cuidado constituyen el propósito que nos une.

Ese llamado importa tanto como los $500.000 millones. Porque ningún Plan de choque, por bien diseñado que esté, podrá reconstruir por sí solo un sistema en el que el Gobierno anterior rompió simultáneamente los flujos financieros, las redes de atención y la confianza entre sus integrantes.

El Gobierno actual tendrá que cumplir. También las EPS. Igual los hospitales, clínicas, gestores farmacéuticos, industria y profesionales de la salud. Los pacientes y ciudadanos tendremos también responsabilidades. Necesitamos que cada uno haga bien aquello que le corresponde y que exista una autoridad capaz de convocar, exigir resultados y construir acuerdos. Quizá por eso lo más esperanzador de las palabras de la ministra no esté solamente en los recursos anunciados. Está en la secuencia que comienza a dibujarse.

Primero, atender a quienes no pueden esperar. Luego, estabilizar el sistema. Después, ordenar sus cuentas, recuperar su capacidad institucional y resolver sus desequilibrios financieros. Y finalmente abordar, con evidencia, diálogo y responsabilidad fiscal, las transformaciones necesarias para hacerlo sostenible.

El camino será largo. La crisis acumulada no desaparecerá en tres meses. Pero todo proceso de recuperación necesita un punto de partida. Ese comienzo se ve al poner nuevamente al paciente en el centro, comenzar a recuperar la atención, comprometer recursos ciertos y convocar a todos a asumir su responsabilidad. Ahora hay que hacerlo realidad.