Editorial: más allá de Lucas, Liam, Valeria y Carla

Septiembre 24 de 2026

Augusto Galán Sarmiento MD. MPA

Director del Centro de Pensamiento Así Vamos en Salud

Los nombres de Lucas, Liam, Valeria y Carla ocuparon durante los últimos días los medios de comunicación y las redes sociales. Son historias dolorosas; niños y familias que esperan una respuesta que el sistema de salud está obligado a darles y que, ante la desesperación, han tenido que hacerlas públicas para conseguirla.

Son también cuatro rostros de la crisis que recibió el nuevo Gobierno. Un sistema profundamente deteriorado después de varios años de desfinanciación, intervenciones fallidas, mala administración e ideologización de la política pública de salud. Un sistema en el cual se acumularon las barreras de acceso, se interrumpieron tratamientos, aumentaron las deudas, escasearon medicamentos y se debilitó la capacidad de respuesta de aseguradores y prestadores.

La reacción del Presidente frente a estos casos generó respuestas inmediatas. Era necesario atenderlos. Pero fue advertido que ese no podía ser el camino para enfrentar la crisis.

La casuística no puede sustituir la política pública. Resolver individualmente la situación de quien logra llamar la atención del Presidente puede salvar una vida y aliviar el sufrimiento de una familia, pero no resuelve el problema de fondo. En Colombia hay miles de Lucas, Liam, Valeria y Carla que nunca aparecerán en una red social ni tendrán acceso a un periodista o a una persona influyente.

Esta semana el Gobierno dio un paso diferente y, a nuestro juicio, en la dirección correcta.

El Presidente y la ministra de Salud anunciaron la primera fase del plan de choque para comenzar a destrabar la atención represada. Medicamentos que no llegan, procedimientos pendientes, pacientes crónicos que requieren continuidad en sus tratamientos y personas que llevan semanas o meses esperando una respuesta. Es pasar de atender casos a intervenir el problema. Ese cambio es importante.

Es un mecanismo extraordinario y transitorio. No significa que la crisis esté resuelta. Tampoco que los recursos anunciados sean suficientes frente a la magnitud del deterioro acumulado. Pero ha empezado la estabilización, que es lo importante. Ese debe ser, por ahora, el propósito.

La estabilización requiere inicialmente conseguir que vuelva a funcionar el sistema. Recuperar el acceso; normalizar la entrega de medicamentos; garantizar la continuidad de los tratamientos; recuperar progresivamente la liquidez; proteger las redes de prestación y evitar que el deterioro de las EPS intervenidas continúe trasladándose a pacientes, hospitales y proveedores.

Todo ello tendrá que hacerse, además, en medio de una situación fiscal particularmente compleja. Los recursos públicos son limitados y las necesidades del país aumentaron después del terremoto. Por eso, cada peso que se consiga para la estabilización deberá tener un propósito definido, una ejecución transparente y resultados verificables.

Ese será el verdadero desafío de esta primera fase; que el dinero llegue donde están las barreras y que podamos medir cuántos medicamentos represados se entregaron, cuántas consultas y procedimientos se realizaron, cuántos tratamientos recuperaron su continuidad y cuánto disminuyeron las quejas y los tiempos de espera.

Pero tampoco podrá hacerlo solamente el Gobierno.

Los funcionarios de la Autoridad Sanitaria Nacional tienen la responsabilidad de ejercer la rectoría, orientar el proceso y responder por las decisiones que adopten. Pero estabilizar un sistema de salud de la dimensión y complejidad del colombiano requiere del trabajo de todos.

Ya hemos mencionado que EPS, hospitales, clínicas, gestores farmacéuticos, industria, profesionales de la salud, entidades territoriales, pacientes, academia, gremios y organizaciones de la sociedad civil tenemos responsabilidades convergentes.

Después de varios años de confrontación necesitamos, además, recuperar la confianza. Hay que insistir en eso. No se reconstruye un sistema desde las trincheras. Habrá que sustituir la confrontación por el diálogo; la imposición por la construcción de acuerdos; la ideología por la evidencia; y la improvisación por una hoja de ruta con objetivos, responsables, recursos, indicadores y tiempos verificables.

Primero estabilizar. Después transformar.

Porque superar la emergencia no significa regresar simplemente al sistema que teníamos antes de la crisis. Una vez recuperadas unas condiciones mínimas de funcionamiento, Colombia tendrá que abordar los ajustes de gobernanza y operación que el sistema necesita para garantizar su sostenibilidad y mejorar la calidad.

Habrá que fortalecer la rectoría, modernizar el aseguramiento, ordenar mejor las redes, mejorar los incentivos, fortalecer la atención primaria, recuperar capacidades territoriales y construir mecanismos más eficaces de transparencia y rendición de cuentas.

Pero esas transformaciones requieren un sistema funcionando.

Por eso el anuncio de esta semana importa. No porque los dineros puedan resolver por sí solos una crisis construida durante años, sino porque puede representar el comienzo de una ruta distinta y empezar a recuperar sistemáticamente la capacidad de respuesta.

El éxito no se medirá por cuatro casos atendidos ni por los mensajes que circulen en las redes sociales. Se medirá porque los colombianos vuelvan a recibir oportunamente la atención que necesitan.

Que ningún niño tenga que grabar un video diciendo que no quiere morir para conseguirla. Que ninguna madre necesite hacer viral la enfermedad de su hijo.

Ese sigue siendo el propósito.

La diferencia es que ahora parece haberse comenzado a recorrer el camino.