Editorial: constructores de confianza

Agosto 27 de 2026

Augusto Galán Sarmiento MD. MPA

Director del Centro de Pensamiento Así Vamos en Salud

La confianza ni se decreta ni se recupera con una declaración de buenas intenciones. Se construye; lentamente, mediante comportamientos coherentes, reglas respetadas, información transparente, compromisos cumplidos y, sobre todo, con la certeza de reconocer la legitimidad del otro, aunque piense distinto.

Ese es, quizá, uno de los desafíos más importantes que enfrenta hoy el país y el sistema de salud colombiano.

Durante los últimos años logramos constituir una mayoría alrededor de la defensa del sistema, la necesidad de corregir sus fallas y la formulación de propuestas para mejorarlo. No fue sencillo. Hubo diferencias, tensiones y desacuerdos. Por fortuna los hubo. Una comunidad que piensa exactamente igual corre siempre el riesgo de dejar de pensar.

Ahora comienza una etapa diferente. No basta estar unidos alrededor de aquello que consideramos equivocado. Debemos demostrar que somos capaces de permanecer juntos alrededor de aquello que queremos construir.

Eso puede ser más retador.

Hay un adagio anónimo que lo resume bien: "en cualquier conflicto o historia hay tres versiones: la suya, la mía y la verdad". Esa tercera verdad casi nunca pertenece enteramente a alguno de nosotros. Se descubre en el encuentro, en la evidencia, en la experiencia y en la disposición a reconocer que el otro puede tener una parte de la razón que no alcanzamos a ver.

Esta actitud es necesaria ahora. Todavía existen quienes parecen no aceptar ninguna posibilidad distinta a su propio interés del sistema. Algunos quisieran sustituir simplemente una hegemonía por otra; responder a los dogmatismos anteriores con nuevos dogmatismos o aprovechar el cambio político para llevar el péndulo hasta el extremo contrario.

Grave error. Lo mencionamos en otro editorial; la salud no tolera la ley del péndulo. No se puede vivir en el experimento de un sistema que cambia de dirección según quién gana las elecciones. Colombia necesita consolidar acuerdos esenciales sobre su sistema de salud que sobrevivan a los gobiernos porque pertenecen a la sociedad.

Para conseguirlo necesitamos algo más profundo que consensos técnicos. Necesitamos confianza. Confianza del ciudadano en que encontrará atención cuando la necesite. Del paciente en su médico y en las instituciones que lo atienden. Del profesional en que podrá ejercer con autonomía responsable. Del prestador en que recibirá oportunamente los recursos por los servicios que entrega. Del asegurador en que las reglas serán claras y estables. Del Estado en que los agentes administrarán responsablemente los recursos públicos. Confianza de todos en que la información será cierta, los compromisos se cumplirán y las diferencias podrán discutirse sin convertir al contradictor en enemigo.

Esa confianza implica también responsabilidad.

En un discurso dirigido hace un año a médicos recién graduados recordaba que el ejercicio de la medicina es un ejercicio de comunidad y corresponsabilidad. “Ninguna cirugía es posible sin manos múltiples; ningún turno se supera sin solidaridad; ninguna vocación florece en la soledad”. Lo mismo ocurre con un sistema de salud. Médicos, profesionales de enfermería, otros profesionales, hospitales, clínicas, aseguradores, gestores farmacéuticos, empresarios, trabajadores, universidades, territorios, pacientes y Estado formamos parte del mismo entramado.

Por eso sería equivocado pensar que la responsabilidad de sacar adelante el sistema corresponde exclusivamente a la ministra Ana María Vesga y a su equipo. Deben liderar, convocar, tomar decisiones y ejercer la rectoría que la ley les asigna. Pero el resultado será responsabilidad de todos.

También de quienes discrepen del Gobierno.

Necesitamos aprender a colaborar sin perder independencia; apoyar aquello que consideremos correcto, advertir sobre lo que pueda estar equivocado y proponer alternativas cuando discrepemos. La confianza no significa unanimidad ni silencio. Una comunidad madura no es aquella donde desaparece el disenso, sino aquella capaz de procesarlo sin destruirse.

Aquí adquiere especial importancia la reflexión de Adam Kahane: “El valor del desapego -por el resultado- es que nos ayuda a ser menos temerosos y ansiosos, más abiertos y creativos. Si queremos aprender y avanzar, tenemos que estar dispuestos a caer y caer”.

Desapegarnos del resultado no significa renunciar a nuestros principios. Significa renunciar a la pretensión de que el resultado colectivo tenga que ser exactamente el que cada uno imaginó. Significa aceptar que podemos equivocarnos, corregir, aprender y volver a intentar.

En aquel discurso recordaba que la madurez médica también consiste en aprender de la frustración, asumir los errores con honestidad y pedir ayuda sin avergonzarse. Y advertía algo más importante: alejarnos de los dogmatismos, aprender a desaprender y mantener la mente abierta frente al nuevo conocimiento y al cambio.

Esa misma madurez necesita hoy el sector. Porque, construir el sistema de salud que queremos exige superar incluso nuestras propias organizaciones e intereses. Cada decisión que tomamos afecta a alguien más. Cada recurso utilizado tiene consecuencias sobre quienes esperan. Cada demora, cada ineficiencia, cada abuso, cada decisión equivocada termina llegando a un paciente. Por eso nuestra responsabilidad final no es con una institución, un gremio, un gobierno o una ideología. Es con los ciudadanos.

Ellos esperan resultados. Esperan recuperar el acceso, recibir sus medicamentos, obtener una cita sin peregrinajes y encontrar un sistema que los acompañe cuando estén enfermos, pero también que los ayude a conservar su salud. Y tienen derecho a exigirnos que seamos capaces de construirlo.

Un proverbio africano -¿o arabé?- dice: “Si quieres llegar rápido, camina solo. Si quieres ir lejos, camina en compañía”.

Colombia necesita llegar más lejos. Necesitamos construir un sistema que no sea identificado con un gobierno, una ley, una EPS, un hospital o un ministro. Un sistema que reconozcamos como nuestro. Que aprendamos a cuidar entre todos y que podamos mejorar sin destruir lo construido.

En aquel discurso afirmé que Colombia necesita más que médicos brillantes. Necesita constructores de confianza, arquitectos de comunidad y agentes de escucha en tiempos de ruido. Hoy extiendo esa convocatoria a todos los que hacemos parte del sector salud. Porque nuestra mayor responsabilidad en este momento no es ganar otra discusión. Es construir, entre todos, un sistema de salud del que los colombianos podamos sentirnos orgullosos.