No por mucho madrugar, amanece más temprano

Diciembre 10 de 2020

Augusto Galán Sarmiento MD.MPA

Director del Centro de Pensamiento Así vamos en Salud

La espera se asemeja a una larga y tortuosa noche ante la expectativa que tiene el mundo entero de contar ya con la medida farmacológica que nos permita superar esta pandemia del Covid-19.

Es natural, lo queremos porque nos hacen falta elementos esenciales de nuestra humanidad: los abrazos, las caricias, la conversación amistosa y presencial, la mirada franca y directa, los cantos, la risa espontánea y extrovertida. Por supuesto, también lo deseamos porque necesitamos terminar de reactivar la economía.

En la población han producido regocijo los informes de prensa por los avances científicos sobre el desarrollo de vacunas contra este virus, en especial los de las últimas semanas sobre la eficacia mostrada por las genéticas (Pfizer-Biontech y Moderna). Al momento de escribir este artículo, se publica el primer estudio con revisión de pares científicos sobre la eficacia y la seguridad de una proteica recombinante con resultados muy estimulantes (Oxford-Astrazeneca)[1]. Éxitos tecnológicos significativos porque presentan la utilidad de nuevos metodologías que se han ajustado con una rapidez que no tiene antecedentes en la historia de la ciencia.

Pero como decían nuestras abuelas, “vistámonos despacio que estamos de afán”. Por lo menos ese es el mensaje de la mayoría de salubristas, infectólogos y profesionales de la salud consultados, cuando se refieren a la eficacia mostrada con la información disponible.

Porque preguntas sobre esas vacunas biotecnológicas persisten y la prudencia ha sido señalada en diferentes medios científicos como The Lancet[2] y otros. No se sabe la capacidad que tienen de evitar la transmisión de la enfermedad ni cuánto tiempo dura la inmunidad luego de aplicadas. Tampoco se conoce bien sus efectos en niños y en mujeres embarazadas.

Sobre la vacuna genética contra la Covid-19 se sabe que es muy inestable. Tiene que conservarse en temperaturas entre -20° a -70° centígrados. ¿Cómo se asegura la duración de su efectividad después de seis horas de abrir el paquetes de cinco mil dosis? ¿Qué pasará en países con limitaciones de infraestructura? ¿Cómo se puede evitar que se vacunen a las personas con un biológico que ya habría perdido parcial o totalmente la efectividad?

Otra incertidumbre importante que subsiste irresuelta tiene que ver con la tecnología que utiliza el ARN mensajero para que dé la orden al sistema inmunológico de producir los anticuerpos que protejan. No se conocen todavía las reacciones a mediano y largo plazo sobre el individuo.

En cuanto al estudio sobre la vacuna proteica recombinante muestra eficacia y seguridad importantes y a la vez señala que se requieren evaluaciones adicionales para conocer mejor estos aspectos en la población mayor de 60-70 años y sobre el control de la transmisibilidad del virus en la población general.

La ciencia ha demostrado que los procesos naturales toman tiempo y que no es posible adelantar el reloj biológico aunque se quiera. Se necesita que pase el recorrido que sea preciso para conocer bien las respuestas orgánicas y poderlas extrapolar a toda la población.

Las presiones sobre el gobierno y sus funcionarios son muy grandes, no hay duda sobre ello. Pero se trata de la salud pública de la población; la decisión necesita ser técnica y no política. La ciencia debe tener la palabra y asesorar las determinaciones que se consideren, con mayor razón si se trata de acuerdos con compromisos económicos.

El uso adecuado de tapabocas, el distanciamiento físico y el lavado de manos frecuente y pertinente son la vacuna que ya tenemos y que ha demostrado efectividad creciente y a bajo costo. No es una ilusión; un artículo reciente publicado en The New England Journal of Medicine[3] refuerza la tesis de que cargas virales bajas generarían inmunidad en la personas cuando aplicamos esa triada. Más estudios se requieren para mayor evidencia.

Tengamos confianza en que las investigaciones sobre las vacunas proteicas y biotecnológicas contra la Covid-19 avanzarán pronto con resultados más certeros y más evaluaciones de pares sobre su eficacia real, su estabilidad y sus efectos secundarios a corto y mediano plazo, así como las poblaciones más beneficiadas. Antes de eso los pájaros cantarán porque intuyen el amanecer, pero aunque lo deseemos mucho no habrá amanecido todavía.


[1] Voysey M et Cols. Safety and efficacy of the ChAdOx1 nCoV-19 vaccine (AZD1222) against SARS-CoV-2: an interim analysis of four randomised controlled trials in Brazil, South Africa, and the UK. www.thelancet.com Publicado online diciembre 8, 2020. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)32661-1

[2] www.thelancet.com  Vol 396 November 21, 2020

[3] Gandhi M, Rutherford G.W. Facial masking for Covid-19: Potential for “Variolation” as we await a vaccine. N Engl J Med 2020; 383:e101