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Empleo
y parafiscalidad*
Este comentario del doctor Sergio Galvis fue publicado
recientemente en el sitio de Anif en Intenet (www.anif.com.co).
Así vamos en salud lo reproduce por considerarlo de interés para
el análisis de los problemas de la salud en Colombia.
Recientemente hicimos una serie de reflexiones sobre la
paradoja que encierra la buena generación de empleo, creciendo
al 4% al corte de junio de 2005, pero en un ambiente de
preocupante descenso en las coberturas de seguridad social
(nuestro Informe Semanal No.795). La Ley 100 de 1993
pronosticaba que la relación Cotizantes/Población Económicamente
Activa (PEA) llegaría hasta el 43%. Hoy registramos con tristeza
que dicha cobertura, en vez de incrementarse, retrocedió del 25%
en 1993 al 20% en 2005.
Decíamos en dicho informe que existían dos graves problemas
derivados de malos arreglos institucionales. El primero tiene
que ver con el cúmulo de cobros parafiscales a los cuales están
sujetas todas las empresas legales. En vez de reducirlos y
eventualmente eliminarlos, como se hizo en Chile desde 1981, en
Colombia se optó por incrementarlos en la Ley 100 de 1993 y
nuevamente en la Ley 797 de 2003. Hoy un empleador enfrenta un
“multiplicador” de costos laborales cercano al 39% por cuenta de
los parafiscales; o sea, un 8.4% mas del que tenía en los años
ochenta (ver cuadro 1). Esto, obviamente, ha conducido a la
elusión de dichas cargas a través de la llamada “tercerización”
(outsourcing), donde la costumbre ha sido solo cotizar el
primer mes. Así, el 80% de la fuerza laboral en Colombia hoy
carece de cobertura en seguridad social, lo cual constituye una
vergüenza nacional.
El segundo problema se deriva de las “rentas de destinación
específica”, un infortunado legado de los años sesentas. En
medio del desorden presupuestal, se pensaba que la forma de
amarrar recursos para la niñez desamparada era atarlos a alguna
fuente “segura”. Pues bien, hoy las nóminas empresariales son
“inseguras” para tan loable propósito y, de hecho, su
desvanecimiento puede amenazar las finanzas del ICBF. Nuestra
propuesta de volverlos recursos presupuestales “impajaritables”
busca precisamente apuntalar la excelente tarea que cumple el
ICBF. ¿Cómo se haría? Pues se le aseguran al ICBF los recursos
presupuestales requeridos (tal como lo hacen los países serios),
se desmonta el cobro del 3% a las firmas y el gobierno procede a
incrementar la tributación general en su equivalente e inclusive
en algo mas si el post-conflicto así lo requiere.
En el caso del cobro parafiscal del 2% con destino al Sena
debería procederse de igual manera. Algo se ha progresado al
permitirles a las empresas reducir su aporte al 1%, si ellas
invierten otro 1% en formación de sus trabajadores. El viraje
hacia un programa serio de formación técnica en Colombia debe
liderarlo el sector privado y apoyarlo el gobierno, por ejemplo,
instituyendo los bachilleratos vocacionales. Así, muchos jóvenes
aprovecharían mejor esos tres últimos años, preparándose para
“gestionar” mejor nuestra economía.
El caso del pago de 4% a las cofamiliares requiere un debate muy
a fondo. Si bien dicho esquema pudo tener sentido décadas atrás,
el mundo globalizado de hoy exige costos laborales bajos.
Además, la mejor forma de luchar contra la pobreza no es dando
cuestionables subsidios, sino asegurando la generación de empleo
con seguridad social, en primerísimo lugar. Afortunadamente, hoy
dichas cajas cuentan con un patrimonio histórico que les debería
permitir “volar por sí solas”, contribuyendo entonces a
disminuir los costos laborales indirectos de cara al TLC.
Estamos convencidos que la reducción de los “subsidios cruzados”
en la seguridad social y la sustitución de fuentes
presupuestales en el caso del ICBF-Sena resultarían en una mejor
dinámica para el empleo y, además, con mejores coberturas en
seguridad social. Es imperioso frenar la “expulsión” de la clase
trabajadora hacia las “cooperativas” sin seguridad social.
¿Acaso no son evidentes los graves problemas sociales que vienen
causando estos malos arreglos institucionales?
* *Reflexiones adicionales a raíz de los editoriales de La
República, viernes 19 de agosto, y El Tiempo, martes 23 de
agosto.
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