Entre
18 y 24 millones de colombianos están expuestos a contraer la
malaria o a morir a causa de ella, como quiera que viven por
debajo de los 1.600 metros de altura sobre el nivel del mar. Y
aunque la mortalidad por malaria ha disminuido en forma
significativa en los últimos decenios, se ha revelado una
tendencia al crecimiento de la morbilidad durante los últimos
cuarenta años. En el último decenio las autoridades sanitarias
en Colombia diagnosticaron aproximadamente un promedio de
160.000 casos de malaria por año, pero en 1998 ese número se
incrementó a casi 250.000. En el mismo año algunos municipios
ubicados en la costa del Pacífico notificaron tasas de
incidencia mayores a 400 casos por 1.000 habitantes.
La costa del Pacífico, Urabá, la región del río Cauca bajo y la
del río Sinú alto, así como los territorios de Orinoquia y
Amazonia son las zonas con el riesgo más alto de transmisión de
la malaria en Colombia. Habitadas por afroamericanos y
amerindios, han sido reciente objeto de colonización por otros
grupos atraídos por actividades ilegales, constituyéndose
algunas veces en el epicentro de conflictos sociales.
Pero también factores como el desplazamiento y la pobreza en
zonas rurales han contribuido a aumentar estos índices de
morbilidad. Todos esto determina el establecimiento de
diferentes etapas epidemiológicas en la transmisión de la
malaria en este país: malaria endémica urbana, modelo de malaria
estable en zonas rurales con conflicto social y sin conflicto
social y malaria epidémica en zonas receptivas. Es por esto que
se hace necesario comparar siempre las cifras de malaria y
analizarlas por cada uno de los municipios afectados con el fin
de tener una herramienta válida de priorización. Para el efecto,
el Proyecto Así Vamos en Salud pone a disposición las cifras
municipales de malaria desde 2000 a 2004.
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